En 1937 Gabriel Gonzalez Videla, entonces embajador de Chile en Francia, conoció en Chamonix (pueblo de los Alpes franceses), al instructor André Bossoney, a quien dejó invitado a conocer Los Andes.

Una vez terminada la segunda guerra mundial, donde Bossoney fue parte de la Resistencia, André se vino a Chile y construyó diferentes refugios y andariveles en La Cordillera.

Pero Bossoney, a poco andar, tiene su propio sueño: colonizar los cerros nevados que observa desde farellones, proyecto que concretó con ayuda de su amigo Emile Allais, entonces radicado en Portillo, más la inversión del cubano Nestor Carrillo de Albornoz y Barragal.

Una vez comprados los terrenos a Von Kiesling, Bossoney con sus propias manos, y la ayuda de toda su familia abrió el camino hasta lo que hoy conocemos como La Parva. Paralelamente, instaló un viejo andarivel en Las Flores. También el primer refugio: el chalet de Jane Loeur, que después se transformó en el refugio de la Alianza Francesa.

Diferentes colonos llegaron a La Parva, como Tony Racloz desde Saboya, otro gran impulsor del ski en esta montaña.

David y Henry Purcell los renovadores del Hotel Portillo, compraron la pequeña villa y la transformaron en un moderno centro. Finalmente, en 1990, La Parva es vendida por los Purcell a un grupo de inversionistas. Y, años después, ellos hacen lo mismo con otros inversionistas entre los que se encuentran Eliodoro Matte y León Vial.

El plan original de La Parva de 1953, aún sigue en práctica, quedando demostrado en los últimos años con el continuo auge en el desarrollo del centro de ski.